Cuando no haya quien me reconduzca ni me reconozca, por favor, alza la voz y di que tú lo haces mejor que nadie. Cuando haya más alcohol que sangre en mis venas, o cuando esté de mal humor, por favor, ayúdame. Hazme abrir los ojos y que vuelva a respirar. Cuando nuestro fin llegue, persígueme de camino a mi casa, haz que no me sienta olvidada ni melancólica, persígueme, suplícame que no me vaya. Ponte de rodillas y dime que estás igual de loco por mí como desde el primer día. No te merezco, lo sé, pero tú a mi tampoco. Y si esta vez nos separamos, lo haremos a sabiendas de que en realidad nos amamos, y lo que pasa es que estamos locos y firmemente confundidos.
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